Judíos y Masones en Canarias

El general Franco tenía una obsesión: la conspiración judeomasónica que amenazaba a España. Cuentan que todo vino porque quiso hacerse masón y fue rechazado. Judíos y masones también han existido entre nosotros. En la Casa Africa –que poco a poco se va haciendo notar- el lanzaroteño Manuel González hizo una amplia cata en la presencia de familias hebreas tras la conquista, que conformaron una clase comercial importante y con las que hubo mayor tolerancia aquí que en la Península. Eran cristianos nuevos, que muchas veces seguían observando los rituales hebreos, y a los que se denominó marranos. Artesanos, agricultores, médicos, tintoreros, zapateros, hacendados con esclavos. Alguno llegó a ser regidor, arcediano de Fuerteventura e incluso verdugo. Dado que algunos de ellos cayeron en la hoguera inquisitorial en la ciudad de Las Palmas, no deja de ser sorprendente. Los conversos optaron por asimilarse rápidamente, el judaísmo se convierte una práctica sigilosa, había sinagogas clandestinas y cuando hubo peligro algunas familias escapan desde aquí a otros lugares. Sorprende, por ejemplo, que familias judías huidas de aquí fundaran núcleos hebreos en Londres -donde compraron el primer cementerio- y Nueva York. De aquí marcharon también a Flandes, Cabo Verde y Marruecos, tuvieron su diáspora, se dispersaron por el mundo. El escritor José Carlos Cataño explicó su investigación con el castellano arcaico que hablan aún comunidades del norte de Marruecos y Turquía, lo recoge en su novela De tu boca a los cielos, reeditada por Anroart.

Estamos en el año judío 5768 desde la creación del mundo. Si la esencia de Canarias ha sido la asimilación y el mestizaje no es de extrañar que las familias judías portuguesas que impregnan todo el norte de La Palma lo primero que hicieron fue fundar templos, como el de San Antonio del Monte, en Garafía. Los judíos se refugiaron en las áreas rurales, menos vigiladas. A principios del siglo XVI un diez por ciento de la población insular formaba parte de esta minoría religiosa y pese a la persecución, existe una cierta tradición hebraica aquí. En cuanto a los masones, conocida es la vitalidad de las logias de las dos capitales, La Orotava y Santa Cruz de La Palma, donde se instituye en 1875 y tuvo notable influencia hasta la guerra civil. La iglesia de El Salvador de la capital palmera tiene ciertos elementos decorativos vinculados a la masonería y en la dirección de periódicos palmeros figuraron masones tan significativos como Luis F. Gómez Wangüemert, Alonso Pérez Díaz, Pedro Poggio y Alvarez, etc. Las logias palmeras tuvieron mucha relación con las de Puerto Rico, Cuba y Venezuela, relaciones favorecidas por la abundante emigración palmera en América.

Autor: Luis León Barreto

1 comentario:

juan manuel dijo...

De la presencia de los judios en Canarias se pueden escribir preciosas paginas. Lo unico paranoico de nuestros historiadores que es que le dan a Franco la categoria de Adan. Ya existia el antisemitismo y el antimasonismo mucho antes que ese Señor nos aborregara durante cuarenta años.
Por favor hagamos historia no malos panfletos. Shalom